Minería y libre mercado

mineros asturianos

El Comisario de la Unión Europea Joaquín Almunia acaba de anunciar el fin de las subvenciones a la minería del carbón. Según dijo, el objetivo es «garantizar el cierre definitivo de las minas no competitivas antes del 15 de octubre de 2014», los argumentos para adoptar esta medida son, por reiterados, de sobra conocidos: «las empresas tienen que ser viables sin subvenciones. No es sólo una cuestión de justicia para los competidores que operan sin ayudas estatales, sino que también revierte en el interés de los contribuyentes y de unas finanzas públicas que se encuentran en un contexto de austeridad».

Como el señor Almunia no es tonto sabe de lo que está hablando: el fin de la minería del carbón en la UE, el fin de un sector que da empleo directo a 42.000 personas en Europa, a cerca de 7.000 en España y a casi 4.000 en Asturias.

Hasta ahora la Unión Europea consideraba a la minería del carbón como un sector estratégico, al ser la única fuente autóctona de energía fósil había que apoyarla para mantener una cierta autonomía e independencia energética. Pero las sagradas leyes de la libre competencia, que no es tan libre como parece, y el recorte del gasto público, ordenado por los señores mercados y acatado con fervor por nuestros dirigentes políticos, han llevado a este cambio de estrategia.

¿Quiere esto decir que ya no se va a producir electricidad con el carbón? Pues claro que se va a producir. Las compañías eléctricas han realizado inversiones millonarias para adaptar sus centrales térmicas a las exigencias medio ambientales y, por tanto, van a seguir quemando carbón… carbón de importación. Un carbón que resulta más barato porque es arrancado por mineros que trabajan en condiciones parecidas a las que se tenían aquí hace 50 años y que se juegan la vida cada vez que bajan a la mina. ¿Se refiere Almunia a esto cuando habla de «justicia para los competidores que operan sin ayuda estatal»?

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Published in: on 21/07/2010 at 6:47 PM  Comments (1)  
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Manuel Nevado, minero.

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Este año hace 20 que falleció Manuel Nevado Madrid. Fue el primer Secretario General de la Federación Estatal Minera de CC.OO. y la Fundación Juan Muñiz Zapico convoca todos los años un concurso de microrrelatos mineros que lleva su nombre.

La Federación de Industria de CC.OO. de Asturias me ha pedido un artículo sobre Nevado para su revista. Esto es lo que les envié:

Cada año, cuando la Fundación Juan Muñiz Zapico presenta el concurso de microrrelatos mineros “Manuel Nevado Madrid”, me hago la misma pregunta: ¿Qué pensaría Nevado si pudiera saber que hay un concurso literario que lleva su nombre? Seguramente se sorprendería, no creo que nunca llegara a pensar que una cosa así pudiera ocurrir, pero se sentiría satisfecho ya que nada que tuviera que ver con la mina le era ajeno. Nevado se sentía sobre todo minero y de esa condición se derivaba casi todo lo demás, la mina le había dado la conciencia y el orgullo de clase, lo había convertido en un rebelde, en un sindicalista…

En los años 50 había llegado desde la Provincia de Córdoba a Asturias y, como tantos emigrantes que recalaron en las cuencas mineras, se convirtió en un asturiano de adopción y en un minero combativo que participó en todas las luchas obreras de la época. Su gran carisma, inteligencia y compromiso sindical y político lo hicieron ser muy pronto un líder de la minería y de las Comisiones Obreras.

Nevado es hoy recordado como el organizador y primer Secretario General de la Federación Estatal Minera, pero yo lo guardo en mi recuerdo como la persona que contribuyó de forma fundamental a la consolidación de CC.OO. como un movimiento organizado en Asturias. En 1974 un pequeño grupo de personas nos propusimos reconstruir la Coordinadora Provincial y dar un impulso definitivo a la consolidación organizativa de lo que hoy es nuestro sindicato, una de esas personas era Nevado y sobre él recaería la responsabilidad de llevarlo a cabo en la minería. Para lograrlo había que superar ciertos hábitos que pervivían en las Cuencas fruto de la represión que la dictadura ejercía en la época más dura. Las huelgas mineras tenían, entre otras, dos características especiales: eran huelgas “silenciosas”, no se hablaba para parar, todo se hacía mediante un leguaje de signos (no bajar la percha de la ropa, no recoger la lámpara…) en el que el prestigio personal era clave, por otra parte se sabía cuando empezaban pero no cuando terminaban, la vuelta al tajo dependía de las circunstancias de cada momento y casi siempre se hacía mediante un goteo de trabajadores que duraba unos cuantos días, lo cual hacía que en muchos casos se produjeran sanciones que originaban un nuevo conflicto. Este método de lucha había sido muy efectivo en los años 60 pero no parecía muy compatible con el carácter organizado que pretendíamos dar a nuestro movimiento.

La prueba de fuego de esta nueva etapa fue la convocatoria que hicimos para una “jornada de lucha” en Asturias los días 3 y 4 de Febrero de 1975, con ella pretendíamos demostrar nuestra fuerza pero también la capacidad organizativa de las Comisiones Obreras, por tanto era fundamental que los paros se iniciaran y concluyeran en las fechas señaladas. Recuerdo la conversación que Gerardo Iglesias y yo mismo mantuvimos con Nevado: él no veía gran dificultad en que los mineros se sumaran a la huelga pero su duda era por qué había que volver a trabajar el día 5 (“¡Coño, una vez que está todo parao…!”). Al final la “jornada de lucha” fue todo un éxito, participaron unos 30.000 trabajadores, entre ellos la inmensa mayoría de los mineros, que el día 5 volvieron a los pozos.

Hoy, si Manuel Nevado Madrid viviera tendría 70 años… pero seguiría siendo minero.

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Published in: on 23/05/2010 at 8:13 PM  Comments (2)  
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