“Vida y muerte en el Tercer Reich”, una historia para no olvidar

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“El poder de elegir entre el bien y el mal está al alcance de todos” (Orígenes)

Recientemente he leído “Vida y muerte en el Tercer Reich” de Peter Fritzsche. No se trata de una historia más sobre el tema ya que este libro trata de mostrar la vida cotidiana en la Alemania nazi apoyándose en las cartas y diarios personales de los dirigentes, de los ciudadanos normales e incluso de los perseguidos. El resultado es sumamente inquietante, ya que nos descubre una sociedad mucho más integrada en el proyecto nazi de lo que suele creerse, hecho que debería hacernos reflexionar sobre la responsabilidad individual en cualquier acontecimiento colectivo.

No es mi intención hacer un resumen del libro, pero quisiera señalar algunos de los rasgos que me parecen relevantes y que, también bajo mi punto de vista, pueden ayudar a entender la rápida extensión del nazismo entre una población que sólo unos meses antes había dado más de doce millones de votos a los partidos de izquierdas.

Uno de los elementos claves en este proceso fue el miedo: los alemanes llegaron a sentirse víctimas de una conspiración para destruir Alemania, los extranjeros, los judíos y los comunistas eran los instigadores de esa conspiración.

Otra clave fue el convencimiento de que un gobierno fuerte les daría la prosperidad que merecían. Los nazis vendían futuro: no había una bicicleta para cada alemán pero se construían autopistas para cuando todos tuvieran un coche. A través de la propaganda llegó a crearse una falsa sensación de prosperidad, cuando en “los buenos tiempos” sólo se había llegado a los niveles que Alemania tenía antes de la crisis económica mundial de los años veinte.

Se apeló al ¡todos somos iguales!, ¡todos somos alemanes! por encima de cualquier condición. Pero lo grave es que el rasgo distintivo de los alemanes era la RAZA, por tanto no eran alemanes quienes no pertenecían a la raza y no era buen alemán el que debilitaba a la raza… Esto acabó llevando a que “el Tercer Reich se convirtiera en un imperio continental fundado no en la administración de tierras y pueblos sino en la dominación implacable de espacios y razas”. No quedaba más que un paso para el exterminio y la guerra total.

Peter Fritzsche, al final de su libro, dice: “En resumen, la Segunda Guerra Mundial no fue un contexto espantoso para una serie de progromos y crímenes atroces. Fue algo todavía peor: una guerra existencial librada por los nacionalsocialistas con el fin de construir un nuevo orden racial en el que el cultivo saludable del cuerpo de la nación alemana dependía de la aniquilación física de los judíos europeos y la destrucción de las naciones no germanas a lo largo y ancho de Europa oriental.”

Recomiendo leer este libro para conocer el pasado, pero también para vacunarnos contra algunas ideas y tendencias actuales que no son tan lejanas a las que, en su día, propiciaron la aparición del fascismo.

Published in: on 14/03/2010 at 10:30 PM  Comentarios desactivados en “Vida y muerte en el Tercer Reich”, una historia para no olvidar  
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“Amigos de Mieres”

La Fundación Juan Muñiz Zapico y la Editorial KRK acabamos de publicar un libro de Francisco José Faraldo sobre “Amigos de Mieres”, una asociación cultural que se distinguió tanto por su contribución a la extensión de la cultura como por su combatividad en la lucha contra la dictadura. A mí me ha tocado escribir una pequeña introducción que reproduzco a continuación:

Con la publicación de este trabajo de Francisco Faraldo sobre la Asociación Amigos de Mieres, la Fundación Juan Muñiz Zapico pretende iniciar un proceso de investigación sobre las “Sociedades Culturales” que se crearon en Asturias en los años 60 del pasado siglo. Intentaremos recuperar y difundir la historia de estas organizaciones que jugaron un importantísimo papel tanto en la difusión de la cultura entre las capas populares como en la lucha por la democracia.

La tarea no va a resultar sencilla, será preciso encontrar lo que pueda quedar de los archivos de estas entidades y tratar de reconstruir su historia a través de la memoria de aquellas personas que fueron su germen y su “alma”, algunas de ellas ya han fallecido con lo cual la dificultad se acrecienta. Sin embargo el esfuerzo es necesario, recuperar la memoria de las Sociedades Culturales asturianas y dar a conocer su historia a las generaciones que no vivieron los oscuros años de la dictadura es una acto de justicia del que, además, se pueden extraer lecciones para el presente y el futuro.

En 1964 las Cortes franquistas aprobaron una ley que permitía la creación de asociaciones con algunos fines muy limitados y siempre que no contribuyeran a la “subversión” del régimen establecido. Está claro que esta ley pretendía lavar la cara del franquismo ante los países occidentales, muy dañada por la repercusión internacional de las huelgas del 1962-63 y por la brutal represión que se había ejercido durante las mismas. De hecho estos acontecimientos habían contribuido de manera muy importante a desbaratar los planes de que España pudiera iniciar conversaciones con la Comunidad Económica Europea para su posible ingreso.

Pero este remedo de regulación del asociacionismo, hecho “cara a la galería”, fue aprovechado por muchos españoles para tratar de abrir espacios de libertad, por diminutos que estos fueran: se crearon asociaciones de cabezas de familia, de amas de casas… y, sobre todo, asociaciones para el fomento y la promoción de la cultura.

Asturias, por la proliferación de Sociedades Culturales y por el número de socios que éstas llegaron a aglutinar, fue un caso ejemplar. No cabe duda de que Amigos de Mieres sirvió de modelo para imitar y exportar a otras comarcas; pero el caso de Gijón es también llamativo: llegaron a establecerse cuatro asociaciones (Gesto, Cultural Pumarín, Gijonesa, Natahoyo) y a organizarse el “Día de la Cultura”, un acto multitudinario que acabó adquiriendo carácter regional y llegó a ser referente para todo el país.

La estrategia de utilizar el más mínimo margen de las leyes franquistas como una herramienta para luchar contra ella no era algo nuevo, ya las Comisiones Obreras estaban utilizando las elecciones a Jurados y Enlaces del “Sindicato Vertical” (Sindicato único y obligatorio creado por la dictadura siguiendo el modelo falangista) como una forma de movilizar y organizar a los trabajadores. Se trataba, al fin y al cabo, de convertir el más mínimo resquicio en la mayor brecha posible.

En el caso de las Sociedades Culturales esa brecha abierta permitía crear espacios de libertad, aunque fuera una libertad muy vigilada. En ellas se podía vivir y compartir lo que afuera estaba vedado, era como asomarse a una ventana para poder contemplar algunas de las cosas ocultas por la oscura noche del franquismo.

Por otra parte la cultura (el cine, el teatro, la literatura, la música…) era en sí misma un elemento de denuncia y rebelión, por algo el nacional-catolicismo la había combatido con tanta saña desde el inicio de la guerra civil, por algo había tratado de exiliarla y aniquilarla. Las Sociedades Culturales fueron un instrumento para que muchas personas se acercaran a ella y descubrieran la existencia de otra realidad, de otra forma de vivir, muy diferente a la que se nos trataba de imponer.

Pero, además de todo esto, ¿fueron estas sociedades una “tapadera” del partido Comunista, tal como quería hacer creer la propaganda del Régimen? Yo, sinceramente, creo que no. No se puede negar que los militantes del PCE y de las Comisiones Obreras éramos los más activos y organizados en la lucha contra la dictadura y que jugamos un papel fundamental en la creación y en el desarrollo de estas entidades, pero no se entraba en las Culturales por ser comunista, lo que sí ocurría es que algunos de los que entraban acababan siéndolo o simpatizando y apoyando su causa que, en aquel momento, no era otra que la causa de la libertad y la justicia.

Soy testigo de que había una preocupación y un interés en que las Sociedades Culturales fueran algo abierto al mayor número de personas posibles y que se veía como algo a evitar su utilización partidaria. En más de una ocasión la dirección regional del PCE criticó y reprendió las actitudes que pudieran favorecer las campañas de la Policía Política, siempre tratando de alejar a la gente de aquellos centros acusándolos de ser un “nido de comunistas”.

Hay mucho que estudiar y opinar sobre el fenómeno de las Sociedades Culturales en Asturias bajo la dictadura franquista. Pero también deberíamos de analizar por qué éstas prácticamente desaparecieron con la llegada de la democracia… Por qué esta red que se extendía por toda la región y desarrollaba una importantísima actividad cultural no supo, o no pudo, adaptarse y seguir jugando un papel en la nueva situación del país. Creo que esta pregunta ronda en la cabeza de todas las personas que tuvimos algo que ver con la extraordinaria experiencia de poder sentir que existían pequeñas islas de libertad en medio de tanta opresión. Pero al menos yo no tengo la respuesta.

Published in: on 17/11/2009 at 7:57 PM  Comentarios desactivados en “Amigos de Mieres”  
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“Mañana a las once en la Plaza de la Cebada”

Manolo López 1

Habitualmente leo varios libros a la vez, uno de ensayo, a veces dos, y otro de ficción. Hace unos días había empezado <<Historia del siglo XX>> de Hobsbawm y estaba a punto de hacer lo mismo con la última novela de Luis Mateo Díez, uno de mis autores preferidos; sin embargo he aparcado los dos para leer una autobiografía, un genero que no suele atraerme demasiado. Las memorias de Manolo López, recientemente publicadas por la Editorial Bomarzo, me han enganchado desde las primeras páginas. ¡Recomiendo su lectura!

José Manuel López López nació en Madrid el 19 de julio de 1930. Licenciado por la Facultad de Derecho de la calle San Bernardo de Madrid en 1954, realizó a continuación la Milicia Universitaria en Sidi Ifni. Poco más tarde, inició una larga estancia en París, donde obtuvo el Certificado de Sociología en la Facultad de Letras de la Sorbona. En octubre de 1958, año de su ingreso en el Partido Comunista de España, acudió a Pekín como delegado español en el Congreso de la Unión Internacional de Estudiantes. A su vuelta a España, el 11 de noviembre de 1959 fue detenido y torturado durante seis días en la Dirección General de Seguridad de Madrid.Tras un consejo de guerra, fue encarcelado en la cárcel de Carabanchel y luego trasladado a la prisión de Palencia en julio de 1960, donde era el único preso político, hasta su excarcelación en diciembre de 1962.

Durante los años de su militancia clandestina fue abogado laboralista al servicio del Partido Comunista de España e intervino en múltiples ocasiones en las Magistraturas de Trabajo. Tuvo especial relevancia su defensa de obreros, huelguistas y mineros asturianos ante el Tribunal de Orden Público. Su actividad en defensa de los trabajadores le llevó de nuevo a la cárcel en el año 1971. Tras cumplir la pena de cuatro meses de prisión, el 2 de noviembre de 1971 contrajo matrimonio con Dolores Sacristán Pérez, Lolita, miembro como él del Comité Central del PCE. Desengañados por la falta de democracia interna en el partido, pronto ambos lo abandonarían definitivamente, sin renegar por ello de su condición de comunistas.

Durante toda su trayectoria, Manolo López trabajó a menudo para la Federación Minerometalúrgica de Madrid de Comisiones Obreras, y tuvo un papel destacado en el nacimiento y extensión de CCOO. Durante la reconversión industrial participó en muchos pleitos penales de accidentes de trabajo, así como en juicios civiles, contribuyendo decisivamente a la redacción de los Estatutos Sindicales de la Federación Minerometalúrgica. Tras la muerte prematura de su adorada Lolita en 1998, los últimos años de su vida los pasó redactando este libro. A pesar de su deteriorada salud, mantuvo su colaboración con CCOO hasta su fallecimiento en Madrid el 29 de agosto de 2008.

De la mano de una memoria prodigiosa y de un inquebrantable amor por la verdad, Manolo López reconstruye en este libro la deriva ideológica de buena parte de su vida. Uno de los objetivos de su escritura —contar “por qué soy comunista”— le lleva a repasar sus recuerdos de cuatro turbulentas décadas de la historia española. Unos recuerdos en los que lo personal, lo ideológico y lo histórico van siempre de la mano.

La Guerra Civil en Madrid cuando era todavía un niño da paso en su memoria a la dura posguerra en la que su intensa fe católica se fue transformando poco a poco en conciencia política ante las terribles injusticias que veía a su alrededor y las contradicciones que percibía en los sermones de los sacerdotes. Más adelante, su primer contacto con los comunistas españoles en su época de universitario en París representó un momento decisivo, al que sigue una larga secuencia de recuerdos: su activa militancia clandestina en el PCE en los años sesenta, las torturas y humillaciones de las que fue objeto tras su detención, los años de convivencia con los presos comunes en la cárcel de Palencia y la entrañable semblanza de los personajes que allí concurrían, procedentes de los más variados estamentos sociales y en particular el de los “machacados por la vida”, a quienes Manolo, ya desde niño, siempre supo comprender y tratar de ayudar.


Tras su excarcelación vendrían sus años como abogado laboralista, los apasionados debates en el seno del Comité Central del PCE, su estrecho vínculo con las luchas sindicales de CC.OO. Consciente de su idealismo, Manolo repasa, con el humor y la pasión intelectual que le caracterizaban, su vida y los numerosos hechos relevantes de la historia española durante el franquismo que le tocó conocer muy de cerca; a menudo muy crítico con las estructuras comunistas pero sin renegar nunca de los principios solidarios e igualitarios que le llevaron a hacerse comunista.”


Published in: on 24/09/2009 at 7:26 PM  Comments (3)  
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“Operación Exterminio”

Leer la biografía de Alejandro Gallo produce vértigo: estudió tres carreras universitarias, fue militar, jefe de la policía local de Astorga, Langreo y ahora lo es de la de Gijón. Lo que no dicen las solapas de sus libros es que también tuvo tiempo para militar en la izquierda troskista…. En mis tiempos mozos alguno que yo me sé hubiera comentado: “Esti seguro que ye de la CIA”.
Pero lo que más me maravilla es su capacidad para escribir una novela al año sin hacer dejación de sus funciones como servidor público (¡No hay derecho! ¡A otros nos lleva una semana escribir medio folio sobre cualquier tontería!), máxime si tenemos en cuenta que en todas sus obras hay un trasfondo histórico que precisa de una investigación y documentación exhaustiva previa.
“Operación Exterminio”, la última novela de Alejandro Gallo, narra unos acontecimientos que todavía siguen vivos en la memoria de algunas personas: la operación que pretendió acabar con la guerrilla antifranquista que actuaba en los montes asturianos (los “fugaos”, como aquí se llamaban) y que culminó con una gran matanza que supuso el principio del fin de ese movimiento de resistencia a la dictadura.
Yo no soy crítico literario, simplemente leo por placer o para aprender, por eso recomiendo especialmente esta novela, con su lectura se va a conseguir ambas cosas: disfrutar de la buena literatura y conocer unos acontecimientos históricos que jamas deben ser olvidados.
Published in: on 17/06/2009 at 11:41 AM  Comments (1)  
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"El palacio azul de los ingenieros belgas"

Fulgencio Argüelles es un gran escritor. Parece ser que no le gustan las entrevistas ni la presentaciones de libros, aún menos si están escritos por él. A pesar de todo, poco a poco, sus novelas van abriéndose camino gracias al "boca a boca".

"El palacio azul de los ingenieros belgas" es una novela de lo más recomendable, pero como no soy crítico literario mejor lo leéis aquí.

Published in: on 29/11/2008 at 6:46 PM  Comentarios desactivados en "El palacio azul de los ingenieros belgas"  
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