Huelga y servicios mínimos

La  huelga- Koehler Las huelgas son el principal recurso que han tenido y tienen los trabajadores para conquistar derechos y para defenderlos cuando pretenden arrebatárselos. A lo largo de la historia se han conseguido con ellas muchas de las mejoras sociales de las que hoy disfrutan las sociedades “avanzadas”: limitación de la jornada de trabajo, derecho a vacaciones, pensiones, asistencia sanitaria…

Los trabajadores no podemos despedir al empresario ni suspenderlo de empleo y sueldo, tampoco tenemos la capacidad de decidir sobre el porcentaje de las ganancias de la empresa que va a parar a su bolsillo. Negarse a trabajar, el instrumento de lucha más importante con que contamos, tiene su fundamento en la fuerza que da el número de quienes lo hacen, algo que ya se comprendió muy bien en los orígenes del movimiento obrero y que llevó a renunciar a las organizaciones de oficios para apostar por el sindicalismo de masas, por eso la unidad y la organización son indispensables para que una huelga tenga éxito.

Durante muchos años la huelga estuvo prohibida en España, el hacerla podían suponer el despido o la cárcel, a pesar de ello se hicieron muchas y muy duras. Pero esa situación de ilegalidad nunca supusieron un problema para el establecimiento de los servicios mínimos, había un criterio muy claro: no se debía poner en peligro las instalaciones ni las personas. Nosotros éramos los más interesados en que eso fuera así, del buen mantenimiento de las instalaciones, que considerábamos NUESTRAS, dependía que pudiéramos seguir ganándonos la vida y las personas que podían correr peligro casi siempre eran otros trabajadores, por eso, en muchos casos, los servicios mínimos eran organizados por los propios huelguistas. Un caso típico de esto que estoy diciendo era lo que ocurría en las huelgas mineras, las tareas de mantenimiento las solían realizar los que estaban “librando de la mili" ya que si se ponían en huelga eran militarizados o enviados al ejercito.

Cuando la huelga fue un derecho legalmente reconocido los servicios mínimos pasaron a negociarse de manera formal entre la dirección de las empresa y los representante de los trabajadores, los criterios seguían siendo los mismos, conservación de las instalaciones y seguridad de las personas, y si surgían diferencias solían resolverse en base a la argumentación y al diálogo.

Pero en los últimos años las cosas han cambiado, la patronal, pública o privada, lo que intenta es que la huelga no repercuta en la marcha de la empresa: el cliente de los productos fabricados o el usuario de los servicios prestado no debe verse afectado. Los servicios mínimos se convierten en máximos y no se negocian, se imponen… los trabajadores se ven obligados a cumplirlos y a recurrirlos ante los tribunales, no importa que los juzgados los declaren ilegales, cuando fallan la huelga ya ha pasado y en la próxima convocatoria se vuelven a nombrar los mismos, así ocurrió en la huelga del Metro de Madrid.

Una huelga es una forma de presión y si sus efectos no se notan, en la producción o en los servicios, tal presión no existe, la propia huelga no es tal. Digan lo que digan y adórnenlo como lo adornen, detrás de la estrategia de las empresas y de las administraciones al establecer los servicios mínimos hay un claro objetivo: convertir la huelga en ineficaz, acabar con la huelga.

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Published in: on 01/07/2010 at 1:44 PM  Comments (6)  
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Solidaridad centenaria

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Un cargador del muelle pidió ausentarse al encargado por resentirse su salud de la larga jornada de anteayer bajo el temporal reinante. Y éste, poco humanitario, le despidió, provocando un hondo disgusto entre el resto de los cargadores que, casi de inmediato, dejaron su trabajo en espontánea solidaridad. Tras horas tensas y la intervención de los jefes se readmitió al despedido dándole permiso hasta su restablecimiento”

                          (Diario “El Comercio”, Gijón 1910)  

Published in: on 01/02/2010 at 8:40 PM  Comments (1)  
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Una huelga en el Gijón de 1909

<<Hoy se reunirán en la plaza del Carmen los obreros que viven en Somió, los cuales desfilarán hacia dicha parroquia acompañados de un gaitero y un tamborilero que harán sonar sus instrumentos después de rebasar la línea urbanizada, como mandan las ordenanzas. Cuando lleguen a su destino, celebrarán una reunión al aire libre para ratificar su actitud de huelga hasta que la empresa acceda a concederles las mejoras laborales y sociales que vienen solicitando. Una vez termine, romperán un tonel de la mejor sidra.>>
(Diario “El Comercio”)

Published in: on 15/07/2009 at 11:16 AM  Comments (1)  
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