“Amigos de Mieres”

La Fundación Juan Muñiz Zapico y la Editorial KRK acabamos de publicar un libro de Francisco José Faraldo sobre “Amigos de Mieres”, una asociación cultural que se distinguió tanto por su contribución a la extensión de la cultura como por su combatividad en la lucha contra la dictadura. A mí me ha tocado escribir una pequeña introducción que reproduzco a continuación:

Con la publicación de este trabajo de Francisco Faraldo sobre la Asociación Amigos de Mieres, la Fundación Juan Muñiz Zapico pretende iniciar un proceso de investigación sobre las “Sociedades Culturales” que se crearon en Asturias en los años 60 del pasado siglo. Intentaremos recuperar y difundir la historia de estas organizaciones que jugaron un importantísimo papel tanto en la difusión de la cultura entre las capas populares como en la lucha por la democracia.

La tarea no va a resultar sencilla, será preciso encontrar lo que pueda quedar de los archivos de estas entidades y tratar de reconstruir su historia a través de la memoria de aquellas personas que fueron su germen y su “alma”, algunas de ellas ya han fallecido con lo cual la dificultad se acrecienta. Sin embargo el esfuerzo es necesario, recuperar la memoria de las Sociedades Culturales asturianas y dar a conocer su historia a las generaciones que no vivieron los oscuros años de la dictadura es una acto de justicia del que, además, se pueden extraer lecciones para el presente y el futuro.

En 1964 las Cortes franquistas aprobaron una ley que permitía la creación de asociaciones con algunos fines muy limitados y siempre que no contribuyeran a la “subversión” del régimen establecido. Está claro que esta ley pretendía lavar la cara del franquismo ante los países occidentales, muy dañada por la repercusión internacional de las huelgas del 1962-63 y por la brutal represión que se había ejercido durante las mismas. De hecho estos acontecimientos habían contribuido de manera muy importante a desbaratar los planes de que España pudiera iniciar conversaciones con la Comunidad Económica Europea para su posible ingreso.

Pero este remedo de regulación del asociacionismo, hecho “cara a la galería”, fue aprovechado por muchos españoles para tratar de abrir espacios de libertad, por diminutos que estos fueran: se crearon asociaciones de cabezas de familia, de amas de casas… y, sobre todo, asociaciones para el fomento y la promoción de la cultura.

Asturias, por la proliferación de Sociedades Culturales y por el número de socios que éstas llegaron a aglutinar, fue un caso ejemplar. No cabe duda de que Amigos de Mieres sirvió de modelo para imitar y exportar a otras comarcas; pero el caso de Gijón es también llamativo: llegaron a establecerse cuatro asociaciones (Gesto, Cultural Pumarín, Gijonesa, Natahoyo) y a organizarse el “Día de la Cultura”, un acto multitudinario que acabó adquiriendo carácter regional y llegó a ser referente para todo el país.

La estrategia de utilizar el más mínimo margen de las leyes franquistas como una herramienta para luchar contra ella no era algo nuevo, ya las Comisiones Obreras estaban utilizando las elecciones a Jurados y Enlaces del “Sindicato Vertical” (Sindicato único y obligatorio creado por la dictadura siguiendo el modelo falangista) como una forma de movilizar y organizar a los trabajadores. Se trataba, al fin y al cabo, de convertir el más mínimo resquicio en la mayor brecha posible.

En el caso de las Sociedades Culturales esa brecha abierta permitía crear espacios de libertad, aunque fuera una libertad muy vigilada. En ellas se podía vivir y compartir lo que afuera estaba vedado, era como asomarse a una ventana para poder contemplar algunas de las cosas ocultas por la oscura noche del franquismo.

Por otra parte la cultura (el cine, el teatro, la literatura, la música…) era en sí misma un elemento de denuncia y rebelión, por algo el nacional-catolicismo la había combatido con tanta saña desde el inicio de la guerra civil, por algo había tratado de exiliarla y aniquilarla. Las Sociedades Culturales fueron un instrumento para que muchas personas se acercaran a ella y descubrieran la existencia de otra realidad, de otra forma de vivir, muy diferente a la que se nos trataba de imponer.

Pero, además de todo esto, ¿fueron estas sociedades una “tapadera” del partido Comunista, tal como quería hacer creer la propaganda del Régimen? Yo, sinceramente, creo que no. No se puede negar que los militantes del PCE y de las Comisiones Obreras éramos los más activos y organizados en la lucha contra la dictadura y que jugamos un papel fundamental en la creación y en el desarrollo de estas entidades, pero no se entraba en las Culturales por ser comunista, lo que sí ocurría es que algunos de los que entraban acababan siéndolo o simpatizando y apoyando su causa que, en aquel momento, no era otra que la causa de la libertad y la justicia.

Soy testigo de que había una preocupación y un interés en que las Sociedades Culturales fueran algo abierto al mayor número de personas posibles y que se veía como algo a evitar su utilización partidaria. En más de una ocasión la dirección regional del PCE criticó y reprendió las actitudes que pudieran favorecer las campañas de la Policía Política, siempre tratando de alejar a la gente de aquellos centros acusándolos de ser un “nido de comunistas”.

Hay mucho que estudiar y opinar sobre el fenómeno de las Sociedades Culturales en Asturias bajo la dictadura franquista. Pero también deberíamos de analizar por qué éstas prácticamente desaparecieron con la llegada de la democracia… Por qué esta red que se extendía por toda la región y desarrollaba una importantísima actividad cultural no supo, o no pudo, adaptarse y seguir jugando un papel en la nueva situación del país. Creo que esta pregunta ronda en la cabeza de todas las personas que tuvimos algo que ver con la extraordinaria experiencia de poder sentir que existían pequeñas islas de libertad en medio de tanta opresión. Pero al menos yo no tengo la respuesta.

Published in: on 17/11/2009 at 7:57 PM  Comentarios desactivados en “Amigos de Mieres”  
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Woody Guthrie y los coches de lujo

El sistema capitalista se sirve de casi todo para ganar dinero. Es capaz de transformar revoluciones de cualquier tipo, culturales, sexuales… o al mismísimo Che Guevara en un producto comercial. La última de estas operaciones la está haciendo AUDI utilizando a Woody Guthrie y su canción “Car Song” para anunciar, en radio y televisión, uno de sus modelos de lujo (nada más y nada menos que 45.000 euros).
Woody Guthrie fue un cantautor que siguió la estela de Joe Hill, en la época de la Gran Depresión estuvo al lado de los oprimidos, colaboró con el Partido Comunista de EE.UU., apoyó activamente la Brigada Lincoln, cantó a Sacco y Vanzzetti y participó, con sus recitales, en las luchas obreras de su tiempo.
Este hombre, que llevaba en la guitarra una pegatina que decía:”Esta máquina mata fascistas”, cantó cosas como esta:

Donde haya niños con hambre y llorando,
donde la gente no sea libre,
donde los hombres luchen por sus derechos,
allí estaré yo…

Woody Guthrie murió hace muchos años y no puede defenderse. Pero lo que podemos hacer por él es sumarnos a lo que ya comienza a circular por la red: ¡escuchen sus canciones y no compren ningún AUDI!

Published in: on 19/06/2009 at 3:57 PM  Comments (5)  
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