¡Hasta siempre, compañero!

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Published in: on 29/10/2010 at 4:20 PM  Comments (1)  
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José Luís López Bulla despide a Ángel Rozas

Angel_Rozas

Despedida de Ángel Rozas en el Salón de Actos de CC.OO. de Catalunya.


José Luís López Bulla

El filósofo inglés George Edward Moore afirmó: “antes de construir grandes sistemas, asegurémonos de qué están hechos los ladrillos”. No consta en lugar alguno que la generación fundadora de Comisiones Obreras, en los primeros andares de aquello, conocieran dicha cita. Pero, sin lugar a dudas, Ángel Rozas, Cipriano García, Josep Cervera, Luís Romero, Ángel Abad, Martí Bernasach, Agustí Prats, Tito Márquez y otros muchos sabían que lo que estaban poniendo en marcha eran buenos materiales, que los ladrillos de aquella arquitectura eran sólidos. Dígase con naturalidad, sin altanería: tal vez Comisiones fue la construcción sociopolítica más original en aquellos tiempos del antifranquismo. Obra de aquella generación de la que Luís Cernuda, poeta muy estimado por Ángel, hubiera podido decir que como “testigos irrefutables de toda la nobleza humana no fuisteis uno. Fuisteis muchos”.
Aquellos materiales resistentes eran la construcción de un nuevo movimiento sindical, las libertades democráticas, la defensa y promoción de los derechos de los trabajadores y sus familias. A esa gigantesca tarea –que ellos lo hicieron con naturalidad, sin aspavientos— dedicó nuestro Ángel Rozas prácticamente toda su vida. Cosa que hizo desde el sindicalismo y desde el comunismo de los sueños, no el de las pesadillas, según dijo nuestro Manuel Vázquez Montalbán del amigo inseparable de Ángel, Cipriano García.
Ángel fue uno de esos autodidactas que tanto han distinguido al movimiento sindical catalán. Él mismo acostumbraba a decir que “había aprendido a leer a la luz del farol de la esquina”, y no era ciertamente una metáfora. Fue un hombre sabio, forjado en la universidad de la fábrica, la calle y la prisión: un considerable almacén de saberes empíricos, que distinguían a nuestro prestigioso amigo y compañero. Posiblemente la persona más querida de nuestro sindicato.
Igual prestigio tenía en el sindicalismo europeo. Yo he sido testigo de la admiración que le tenían dirigentes como Luciano Lama, Bruno Trentin y Georges Séguy. Pero, sin duda, lo que más apreciaba fue el afecto que le tenían los jóvenes de Comisiones Obreras de Catalunya. La escuela de formación de estos nuevos sindicalistas lleva su nombre.
Me es difícil, como he dicho antes, hablar de nuestro Ángel. Él y su compañera, Carmen Jiménez Tonietti, me trataron como un hijo. Carmen fue una de las mujeres que, a lo largo del franquismo, visitaba cada mes a los presos llevándoles paquetes de comida y el apoyo moral. A ella va también mi emocionado recuerdo. Parece que les estoy viendo en aquel lejano 11 de septiembre de 1967 en el caos de aquella manifestación, de bracete los dos, zarandeados por la policía. Todos los detenidos fueron trabajadores. La mesocracia, temerosa, no pasó del entresuelo; hoy, no pocos de ellos, se disfrazan de septiembre para no infundir las sospechas de su larga siesta bajo el franquismo.
Queridos amigos y queridas amigas, después de Ángel Rozas, ¿qué? Muy fácil, los materiales –ciertamente renovados– que hicieron posible la construcción del sistema-Comisiones Obreras: este es el mejor homenaje a nuestro compañero, que fue simultáneamente serio y guasón, paciente e inquieto. Y, como diría Thomas Mann: un hombre de gran formato.

Publicado en “Metiendo bulla”.

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Published in: on 05/06/2010 at 9:40 AM  Comments (2)  
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Ángel Rozas, el pequeño gran hombre

Angel Rozas

Ha muerto Ángel Rozas, el pequeño más grande que yo conocí en mi vida. Cuando él estaba exiliado y formaba parte de la DECO (Delegación Exterior de Comisiones Obreras) Gerardo Iglesias y yo mismo nos alojamos en su casa de París en alguna ocasión.

Pero no voy yo a contar quien era este pequeño gran hombre, Pepe Luis López Bulla lo conoció y lo trató mucho más, por eso remito a su blog:

http://lopezbulla.blogspot.com/2010/06/nuestro-angel-rozas.html

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Published in: on 01/06/2010 at 7:53 PM  Comentarios desactivados en Ángel Rozas, el pequeño gran hombre  
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Manuel Nevado, minero.

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Este año hace 20 que falleció Manuel Nevado Madrid. Fue el primer Secretario General de la Federación Estatal Minera de CC.OO. y la Fundación Juan Muñiz Zapico convoca todos los años un concurso de microrrelatos mineros que lleva su nombre.

La Federación de Industria de CC.OO. de Asturias me ha pedido un artículo sobre Nevado para su revista. Esto es lo que les envié:

Cada año, cuando la Fundación Juan Muñiz Zapico presenta el concurso de microrrelatos mineros “Manuel Nevado Madrid”, me hago la misma pregunta: ¿Qué pensaría Nevado si pudiera saber que hay un concurso literario que lleva su nombre? Seguramente se sorprendería, no creo que nunca llegara a pensar que una cosa así pudiera ocurrir, pero se sentiría satisfecho ya que nada que tuviera que ver con la mina le era ajeno. Nevado se sentía sobre todo minero y de esa condición se derivaba casi todo lo demás, la mina le había dado la conciencia y el orgullo de clase, lo había convertido en un rebelde, en un sindicalista…

En los años 50 había llegado desde la Provincia de Córdoba a Asturias y, como tantos emigrantes que recalaron en las cuencas mineras, se convirtió en un asturiano de adopción y en un minero combativo que participó en todas las luchas obreras de la época. Su gran carisma, inteligencia y compromiso sindical y político lo hicieron ser muy pronto un líder de la minería y de las Comisiones Obreras.

Nevado es hoy recordado como el organizador y primer Secretario General de la Federación Estatal Minera, pero yo lo guardo en mi recuerdo como la persona que contribuyó de forma fundamental a la consolidación de CC.OO. como un movimiento organizado en Asturias. En 1974 un pequeño grupo de personas nos propusimos reconstruir la Coordinadora Provincial y dar un impulso definitivo a la consolidación organizativa de lo que hoy es nuestro sindicato, una de esas personas era Nevado y sobre él recaería la responsabilidad de llevarlo a cabo en la minería. Para lograrlo había que superar ciertos hábitos que pervivían en las Cuencas fruto de la represión que la dictadura ejercía en la época más dura. Las huelgas mineras tenían, entre otras, dos características especiales: eran huelgas “silenciosas”, no se hablaba para parar, todo se hacía mediante un leguaje de signos (no bajar la percha de la ropa, no recoger la lámpara…) en el que el prestigio personal era clave, por otra parte se sabía cuando empezaban pero no cuando terminaban, la vuelta al tajo dependía de las circunstancias de cada momento y casi siempre se hacía mediante un goteo de trabajadores que duraba unos cuantos días, lo cual hacía que en muchos casos se produjeran sanciones que originaban un nuevo conflicto. Este método de lucha había sido muy efectivo en los años 60 pero no parecía muy compatible con el carácter organizado que pretendíamos dar a nuestro movimiento.

La prueba de fuego de esta nueva etapa fue la convocatoria que hicimos para una “jornada de lucha” en Asturias los días 3 y 4 de Febrero de 1975, con ella pretendíamos demostrar nuestra fuerza pero también la capacidad organizativa de las Comisiones Obreras, por tanto era fundamental que los paros se iniciaran y concluyeran en las fechas señaladas. Recuerdo la conversación que Gerardo Iglesias y yo mismo mantuvimos con Nevado: él no veía gran dificultad en que los mineros se sumaran a la huelga pero su duda era por qué había que volver a trabajar el día 5 (“¡Coño, una vez que está todo parao…!”). Al final la “jornada de lucha” fue todo un éxito, participaron unos 30.000 trabajadores, entre ellos la inmensa mayoría de los mineros, que el día 5 volvieron a los pozos.

Hoy, si Manuel Nevado Madrid viviera tendría 70 años… pero seguiría siendo minero.

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Published in: on 23/05/2010 at 8:13 PM  Comments (2)  
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