Un viaje a Bagdad que no pudo ser

Uno de mis pasaportes falsos

La reciente muerte de Ángel Rozas me ha hecho recordar un frustrado viaje a Bagdad en el que él tuvo mucho que ver.

Primero tendré que explicar que el Partido Comunista de España celebraba periódicamente en Francia  unas denominadas “Conferencias del Movimiento Obrero” a las que asistíamos algunos de los comunistas que desarrollábamos nuestra militancia en el mundo del trabajo, es decir en las Comisiones Obreras. Quienes piensen que la finalidad de estas reuniones era recibir orientaciones de la dirección del Partido en el exterior se equivoca, yo creo, y puedo demostrarlo, que más bien servían para que los exiliados recibieran información de primera mano de lo que ocurría en el interior. Los que asistíamos a ellas teníamos la oportunidad de confraternizar entre nosotros y de intercambiar experiencias, además de respirar durante unos días el aire de la libertad, que buena falta nos hacía. Por cierto, allí conocí, entre otros, a un joven despedido de la factoría vallisoletana de Michelín que me deslumbró con su claridad de ideas y su facilidad para expresarlas; más tarde (utilizábamos nombres falsos) supe que se llamaba Antonio Gutiérrez.

La última reunión de este tipo a la que fui se celebró en 1975 y me alojé, junto a Gerardo Iglesias, en el piso de Ángel Rozas en París. Cuando Ángel se enteró de que era metalúrgico me planteó la posibilidad de asistir a un congreso del metal que la Federación Sindical Mundial iba a celebrar en Bagdad; normalmente este tipo de relaciones las llevaba la Delegación Exterior de Comisiones Obreras (la DECO, la llamábamos) pero la coincidencia de mi presencia en París permitía organizar una representación más “genuina”.

Debo aclarar que nuestra participación en ese congreso respondía a un interés casi exclusivamente recaudatorio: la FSM no era en absoluto nuestro modelo sindical, nos gustaban mucho más los aires que venían de Italia, y nuestras relaciones con esa Internacional Sindical eran más bien gélidas, aunque ellos tenían un gran interés en llevarnos a su huerto… En la DECO me explicaron que no era necesario que estuviera presente en todas las sesiones del Congreso (me vinieron a decir que aprovechara para descansar y hacer turismo), en realidad mi única misión consistía en dar un saludo a los participantes en nombre de las Comisiones Obreras de España, hablarles de la dureza de la lucha clandestina y de la dificultades económicas que teníamos tanto para desarrollarla como para prestar apoyo a los despedidos y a las familias de los presos, ambas cosas absolutamente ciertas. En fin, se trataba de conmover al personal y de conseguir que su solidaridad se transformara en algo tangible.

La organización del viaje era compleja: yo viajaba al extranjero utilizando un pasaporte falso ya que en aquel momento, por cortesía del Tribunal de Orden Público, disfrutaba de dos años de libertad condicional, pero como el viaje a Bagdad lo haría “incrustado” en una delegación de la CGT francesa necesitaría un segundo pasaporte, tan falso como el primero.

Volví a España dejando todo preparado para el famoso viaje, pero unos días antes de emprenderlo… ¡no va Franco y se muere! Los controles policiales sobre los que estábamos considerados como peligrosos agitadores se endurecen, la vigilancia de la  frontera se refuerza… total, que hay que suspender el viaje.

Al final si no conozco la ciudad de “Las Mil y Una Noche” y de “El Ladón de Bagdad” es por culpa del Generalísimo, que tuvo que tocarme las narices hasta en el momento de morirse.

Published in: on 19/06/2010 at 10:31 PM  Comments (3)  
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José Luís López Bulla despide a Ángel Rozas

Angel_Rozas

Despedida de Ángel Rozas en el Salón de Actos de CC.OO. de Catalunya.


José Luís López Bulla

El filósofo inglés George Edward Moore afirmó: “antes de construir grandes sistemas, asegurémonos de qué están hechos los ladrillos”. No consta en lugar alguno que la generación fundadora de Comisiones Obreras, en los primeros andares de aquello, conocieran dicha cita. Pero, sin lugar a dudas, Ángel Rozas, Cipriano García, Josep Cervera, Luís Romero, Ángel Abad, Martí Bernasach, Agustí Prats, Tito Márquez y otros muchos sabían que lo que estaban poniendo en marcha eran buenos materiales, que los ladrillos de aquella arquitectura eran sólidos. Dígase con naturalidad, sin altanería: tal vez Comisiones fue la construcción sociopolítica más original en aquellos tiempos del antifranquismo. Obra de aquella generación de la que Luís Cernuda, poeta muy estimado por Ángel, hubiera podido decir que como “testigos irrefutables de toda la nobleza humana no fuisteis uno. Fuisteis muchos”.
Aquellos materiales resistentes eran la construcción de un nuevo movimiento sindical, las libertades democráticas, la defensa y promoción de los derechos de los trabajadores y sus familias. A esa gigantesca tarea –que ellos lo hicieron con naturalidad, sin aspavientos— dedicó nuestro Ángel Rozas prácticamente toda su vida. Cosa que hizo desde el sindicalismo y desde el comunismo de los sueños, no el de las pesadillas, según dijo nuestro Manuel Vázquez Montalbán del amigo inseparable de Ángel, Cipriano García.
Ángel fue uno de esos autodidactas que tanto han distinguido al movimiento sindical catalán. Él mismo acostumbraba a decir que “había aprendido a leer a la luz del farol de la esquina”, y no era ciertamente una metáfora. Fue un hombre sabio, forjado en la universidad de la fábrica, la calle y la prisión: un considerable almacén de saberes empíricos, que distinguían a nuestro prestigioso amigo y compañero. Posiblemente la persona más querida de nuestro sindicato.
Igual prestigio tenía en el sindicalismo europeo. Yo he sido testigo de la admiración que le tenían dirigentes como Luciano Lama, Bruno Trentin y Georges Séguy. Pero, sin duda, lo que más apreciaba fue el afecto que le tenían los jóvenes de Comisiones Obreras de Catalunya. La escuela de formación de estos nuevos sindicalistas lleva su nombre.
Me es difícil, como he dicho antes, hablar de nuestro Ángel. Él y su compañera, Carmen Jiménez Tonietti, me trataron como un hijo. Carmen fue una de las mujeres que, a lo largo del franquismo, visitaba cada mes a los presos llevándoles paquetes de comida y el apoyo moral. A ella va también mi emocionado recuerdo. Parece que les estoy viendo en aquel lejano 11 de septiembre de 1967 en el caos de aquella manifestación, de bracete los dos, zarandeados por la policía. Todos los detenidos fueron trabajadores. La mesocracia, temerosa, no pasó del entresuelo; hoy, no pocos de ellos, se disfrazan de septiembre para no infundir las sospechas de su larga siesta bajo el franquismo.
Queridos amigos y queridas amigas, después de Ángel Rozas, ¿qué? Muy fácil, los materiales –ciertamente renovados– que hicieron posible la construcción del sistema-Comisiones Obreras: este es el mejor homenaje a nuestro compañero, que fue simultáneamente serio y guasón, paciente e inquieto. Y, como diría Thomas Mann: un hombre de gran formato.

Publicado en “Metiendo bulla”.

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Published in: on 05/06/2010 at 9:40 AM  Comments (2)  
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Ángel Rozas, el pequeño gran hombre

Angel Rozas

Ha muerto Ángel Rozas, el pequeño más grande que yo conocí en mi vida. Cuando él estaba exiliado y formaba parte de la DECO (Delegación Exterior de Comisiones Obreras) Gerardo Iglesias y yo mismo nos alojamos en su casa de París en alguna ocasión.

Pero no voy yo a contar quien era este pequeño gran hombre, Pepe Luis López Bulla lo conoció y lo trató mucho más, por eso remito a su blog:

http://lopezbulla.blogspot.com/2010/06/nuestro-angel-rozas.html

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Published in: on 01/06/2010 at 7:53 PM  Comentarios desactivados en Ángel Rozas, el pequeño gran hombre  
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