Los “abogados laboralistas”, unos artífices de la lucha por la democracia completamente olvidados

imaxe-elabrazo-juangenoves- Ayer participé en la mesa de presentación del libro "Materiales para el estudio de la abogacía antifranquista". Para la ocasión Benjamín Gutiérrez (director de la Fundación Juan Muñiz Zapico) y yo preparamos una intervención escrita que luego, fiel a mi ancestral costumbre de improvisar, terminé no leyendo.

Este es el pequeño trabajo que, vía correo electrónico, ambos habíamos elaborado:

 

En primer lugar quiero agradecer a la Fundación Abogados de Atocha la invitación a CCOO de Asturias para participar en la presentación de este trabajo. Estamos ante una obra de referencia que reconoce y recupera una parte fundamental de nuestra historia como sociedad y como sindicato. En momentos como el actual, cuando el papel del sindicalismo es puesto en duda y hasta los propios sindicatos son hostigados y difamado, es necesario recordar y poner en valor a quienes, como los abogados y abogadas laboralistas, jugaron un papel crucial enfrentándose a la dictadura franquista. Más que nunca, hay que reivindicar la historia de la lucha por la libertad, haciendo frente a los que reescriben aquellos años de manera interesada, y de ahí la importancia de este libro, que supone tanto un instrumento para acabar con el revisionismo histórico como una clave imprescindible para el conocimiento de la labor, el compromiso y el ejemplo de los abogados y abogadas laboralistas contra la Dictadura y por la Democracia.

En los años 50 la Dictadura Franquista, tanto como consecuencia de la presión interna como de la necesidad de buscar una cierta homologación internacional, se ve obligada a hacer algunas concesiones en el ámbito laboral. En 1953 se aprueba el reglamento de los Jurados de Empresa y Enlaces Sindicales. En 1958 se aprueba la Ley de Convenios Colectivos y en el mismo año se aprueba la Ley de Procedimiento Laboral que permite elegir abogado ante Magistratura de Trabajo.

Las “reformas” que el Régimen se ve obligado a conceder son transformadas por las Comisiones Obreras en armas para luchar por mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores y trabajadoras así como para combatir a la propia dictadura. Esta actuación respondía a la táctica que las CC.OO. y el PCE habían establecido hacía tiempo: Convertir cualquier fisura del franquismo en una brecha. La huelgas mineras de 1962 y 1963 son buen ejemplo de la capacidad del movimiento obrero para poner en jaque al Franquismo y debilitar su legitimidad interna y externa. Pero dentro de la estrategia de luchar desde dentro de las fábricas, se necesitaba de recursos y conocimientos jurídicos. Es aquí donde aparecen unos abogados, casi siempre jóvenes, dispuestos a poner sus conocimientos al servicio de los trabajadores y de la lucha por las libertades. Se trata de personas que realizan esa labor en un acto de generosidad y entrega que nada tiene que ver con la promoción profesional, más bien todo lo contrario, ni con la obtención de beneficios económicos, también todo lo contrario.

Los “abogados laboralistas” se organizan en despachos que funcionan de manera cooperativa, en la mayoría de los casos están vinculados al Partido Comunista, a movimientos cristianos y otras organizaciones de izquierda, han formado parte de un activo movimiento estudiantil y siempre están unidos por su compromiso con los trabajadores y trabajadoras. Estos despachos son mucho más que centros de asesoramiento legal individual y colectivo, también son lugares de reunión, coordinación y captación de nuevos militantes obreros. En la mayoría de los casos son centros de actividad de las clandestinas Comisiones Obreras.

A lo largo de los años sesenta y setenta se desarrollo una labor muy importante por parte de este reducido grupo de abogados y abogadas laboralistas que ejercieron un papel fundamental en la defensa de los trabajadores y trabajadoras de nuestro país y como parte activa en la oposición a la Dictadura. Son parte esencial en el desarrollo de las reivindicaciones y movilizaciones obreras así como en el afianzamiento de las Comisiones Obreras, asesorando en la negociación colectiva y jugando un importante papel en la formación sindical. Su labor en las Magistraturas, su trabajo asesor y vertebrador, convirtieron aquellos bufetes en espacios para la lucha por la libertad. Este compromiso les llevo a ejercer ante el Tribunal de Orden Publico, a poner en juego sus carreras y seguridad personal en defensa de los presos políticos y represaliados de la Dictadura. Sufrieron persecución y cárcel e incluso la muerte, como el 24 de enero de 1977 en Atocha.

En estos tiempos en los que lo individual se antepone a lo colectivo y la obtención del beneficio económico prima sobre casi todo, es necesario y obligado recordar y reconocer la labor de estos hombres y mujeres que, movidos solamente por su compromiso con la justicia, contribuyeron a la conquista de los derechos de los trabajadores y de las libertades en España.

La huelga general y un termo de café con gotas

Gerardo, García Salve y AlberdiEntre las diferentes posturas que se adoptaron ante la huelga general del 29 de Septiembre la que más me ha llamado la atención es la aquellos que, independientemente de cualquier valoración de la acción, decían que no iban a parar para no perder un día de salario. Esta actitud, a todas luces insolidaria, me ha traído a la memoria muchos actos de signo contrario que yo viví.

En Febrero de 1975 estaba detenido en la Comisaría de Gijón. Un Policía Armada de servicio en los calabozos me dijo: “Te han traído un termo con café ¿quieres tomarlo? Creo que tiene gotas…”. Al salir de la celda y, conveniente vigilado, tomar el café me di cuenta de que aquel líquido no era café con gotas de coñac, sino coñac con gotas de café. Yo sabía que el brebaje destinado a levantarme los ánimos venía de “Casa Florín”, un bar del barrio de El Coto que era lugar de encuentro del rojerío local, también sabía que era su forma de decirme: ¡No estas solo, estamos contigo!

En el mes de Abril de 1973 acababa de salir de la cárcel. Una noche llamaron al timbre de mi casa, a través de la mirilla vi a alguien meterse apresuradamente en el ascensor, después de comprobar que no había “sociales en la costa” abrí la puerta y me encontré con una bolsa que contenía arroz, aceite, garbanzos, lentejas, tocino, chorizo… Por los envoltorios supe que estaban comprados en el economato de la empresa de la que estaba despedido, pero además había una nota, una nota que decía “GRACIAS”; el que había dejado la bolsa a la puerta de mi casa no trataba de hacerme un favor, consideraba que tenía en deuda conmigo. Nunca supe quien tuvo ese gesto, pero estoy seguro de que fue alguno de los que años más tarde continuaron una huelga, después de conseguir una importante subida salarial, hasta lograr que fuéramos readmitidos todos los despedidos.

Ya sé que estas son historias antiguas, ya sé que este país ha cambiado mucho… pero no estoy seguro que todos los cambios hayan sido para bien.

NOTA: En la foto, tomada a la puerta de “Casa Florín”, estamos Gerardo Iglesias, García Salve (El cura Paco) y yo mismo.

Published in: on 03/10/2010 at 5:04 PM  Comments (4)  
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Un viaje a Bagdad que no pudo ser

Uno de mis pasaportes falsos

La reciente muerte de Ángel Rozas me ha hecho recordar un frustrado viaje a Bagdad en el que él tuvo mucho que ver.

Primero tendré que explicar que el Partido Comunista de España celebraba periódicamente en Francia  unas denominadas “Conferencias del Movimiento Obrero” a las que asistíamos algunos de los comunistas que desarrollábamos nuestra militancia en el mundo del trabajo, es decir en las Comisiones Obreras. Quienes piensen que la finalidad de estas reuniones era recibir orientaciones de la dirección del Partido en el exterior se equivoca, yo creo, y puedo demostrarlo, que más bien servían para que los exiliados recibieran información de primera mano de lo que ocurría en el interior. Los que asistíamos a ellas teníamos la oportunidad de confraternizar entre nosotros y de intercambiar experiencias, además de respirar durante unos días el aire de la libertad, que buena falta nos hacía. Por cierto, allí conocí, entre otros, a un joven despedido de la factoría vallisoletana de Michelín que me deslumbró con su claridad de ideas y su facilidad para expresarlas; más tarde (utilizábamos nombres falsos) supe que se llamaba Antonio Gutiérrez.

La última reunión de este tipo a la que fui se celebró en 1975 y me alojé, junto a Gerardo Iglesias, en el piso de Ángel Rozas en París. Cuando Ángel se enteró de que era metalúrgico me planteó la posibilidad de asistir a un congreso del metal que la Federación Sindical Mundial iba a celebrar en Bagdad; normalmente este tipo de relaciones las llevaba la Delegación Exterior de Comisiones Obreras (la DECO, la llamábamos) pero la coincidencia de mi presencia en París permitía organizar una representación más “genuina”.

Debo aclarar que nuestra participación en ese congreso respondía a un interés casi exclusivamente recaudatorio: la FSM no era en absoluto nuestro modelo sindical, nos gustaban mucho más los aires que venían de Italia, y nuestras relaciones con esa Internacional Sindical eran más bien gélidas, aunque ellos tenían un gran interés en llevarnos a su huerto… En la DECO me explicaron que no era necesario que estuviera presente en todas las sesiones del Congreso (me vinieron a decir que aprovechara para descansar y hacer turismo), en realidad mi única misión consistía en dar un saludo a los participantes en nombre de las Comisiones Obreras de España, hablarles de la dureza de la lucha clandestina y de la dificultades económicas que teníamos tanto para desarrollarla como para prestar apoyo a los despedidos y a las familias de los presos, ambas cosas absolutamente ciertas. En fin, se trataba de conmover al personal y de conseguir que su solidaridad se transformara en algo tangible.

La organización del viaje era compleja: yo viajaba al extranjero utilizando un pasaporte falso ya que en aquel momento, por cortesía del Tribunal de Orden Público, disfrutaba de dos años de libertad condicional, pero como el viaje a Bagdad lo haría “incrustado” en una delegación de la CGT francesa necesitaría un segundo pasaporte, tan falso como el primero.

Volví a España dejando todo preparado para el famoso viaje, pero unos días antes de emprenderlo… ¡no va Franco y se muere! Los controles policiales sobre los que estábamos considerados como peligrosos agitadores se endurecen, la vigilancia de la  frontera se refuerza… total, que hay que suspender el viaje.

Al final si no conozco la ciudad de “Las Mil y Una Noche” y de “El Ladón de Bagdad” es por culpa del Generalísimo, que tuvo que tocarme las narices hasta en el momento de morirse.

Published in: on 19/06/2010 at 10:31 PM  Comments (3)  
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El comunismo de los sueños

Conferencia Langreo-Marzo 1977

Jóvenes luego, el sueño quedo lejos
De un mundo donde desorden e injusticia,
Hinchendo oscuramente las ávidas ciudades,
Se alzaban hasta el aire absorto de los campos.
Y en la revolución pensábamos: un mar
Cuya ira azul tragase tanta fría miseria.

( “Lamento y Esperanza”, Luís Cernuda)

 

Durante muchos años milité, incluso ocupé algunos cargos de responsabilidad, en el Partido Comunista de España; ingresé en él porque, como tantos otros, vi en “el partido” la organización por antonomasia de la lucha antifranquista. Ser comunista español era ser un luchador por la justicia, la libertad y la democracia.

Era comunista pero no prosoviético, para mí no era posible el socialismo sin libertad. Era comunista pero era antiestalinista, siempre consideré a Stalin como el enterrador de millones de buenos comunistas y de un noble ideal. Era comunista pero discrepaba en muchas cosas del leninismo, entre otras cuestiones no podía estar de acuerdo con su concepción del sindicalismo… Era un comunista que trataba de beber de muchas fuentes y que me sentía heredero de todas y cada una de las tradiciones del Movimiento Obrero, todo esto era posible en el PCE de los años 70 y en él había mucha gente tan “heterodoxa” como yo.

Si embargo hoy en día el haber sido comunista se quiere equiparar con el monolitismo ideológico, con el totalitarismo y hasta con la defensa del “terror rojo”. Creo que a esta idea contribuyen también algunas de las nuevas hornadas de comunistas que, quizás por un cierto sentimiento de orfandad, tratan de rescatar ideas y símbolos que la mayoría de nosotros nunca compartimos.

No reniego de mi pasado comunista, todo lo contrario, estoy orgulloso de haber pertenecido al partido político que, por mucho que algunos se empeñen en negarlo, más contribuyó a la conquista de la democracia en España. Muchas veces intenté explicar lo que significaba ser comunista, nunca supe hacerlo de forma adecuada, pero recientemente apareció un artículo que expresa muy bien lo que yo siempre quise decir: es de Miquel Àngel Falguera Baró y puede leerse en el blog de Pepe Luís López Bulla: pinchen y lean.

Published in: on 10/06/2010 at 8:05 PM  Comments (1)  
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José Luís López Bulla despide a Ángel Rozas

Angel_Rozas

Despedida de Ángel Rozas en el Salón de Actos de CC.OO. de Catalunya.


José Luís López Bulla

El filósofo inglés George Edward Moore afirmó: “antes de construir grandes sistemas, asegurémonos de qué están hechos los ladrillos”. No consta en lugar alguno que la generación fundadora de Comisiones Obreras, en los primeros andares de aquello, conocieran dicha cita. Pero, sin lugar a dudas, Ángel Rozas, Cipriano García, Josep Cervera, Luís Romero, Ángel Abad, Martí Bernasach, Agustí Prats, Tito Márquez y otros muchos sabían que lo que estaban poniendo en marcha eran buenos materiales, que los ladrillos de aquella arquitectura eran sólidos. Dígase con naturalidad, sin altanería: tal vez Comisiones fue la construcción sociopolítica más original en aquellos tiempos del antifranquismo. Obra de aquella generación de la que Luís Cernuda, poeta muy estimado por Ángel, hubiera podido decir que como “testigos irrefutables de toda la nobleza humana no fuisteis uno. Fuisteis muchos”.
Aquellos materiales resistentes eran la construcción de un nuevo movimiento sindical, las libertades democráticas, la defensa y promoción de los derechos de los trabajadores y sus familias. A esa gigantesca tarea –que ellos lo hicieron con naturalidad, sin aspavientos— dedicó nuestro Ángel Rozas prácticamente toda su vida. Cosa que hizo desde el sindicalismo y desde el comunismo de los sueños, no el de las pesadillas, según dijo nuestro Manuel Vázquez Montalbán del amigo inseparable de Ángel, Cipriano García.
Ángel fue uno de esos autodidactas que tanto han distinguido al movimiento sindical catalán. Él mismo acostumbraba a decir que “había aprendido a leer a la luz del farol de la esquina”, y no era ciertamente una metáfora. Fue un hombre sabio, forjado en la universidad de la fábrica, la calle y la prisión: un considerable almacén de saberes empíricos, que distinguían a nuestro prestigioso amigo y compañero. Posiblemente la persona más querida de nuestro sindicato.
Igual prestigio tenía en el sindicalismo europeo. Yo he sido testigo de la admiración que le tenían dirigentes como Luciano Lama, Bruno Trentin y Georges Séguy. Pero, sin duda, lo que más apreciaba fue el afecto que le tenían los jóvenes de Comisiones Obreras de Catalunya. La escuela de formación de estos nuevos sindicalistas lleva su nombre.
Me es difícil, como he dicho antes, hablar de nuestro Ángel. Él y su compañera, Carmen Jiménez Tonietti, me trataron como un hijo. Carmen fue una de las mujeres que, a lo largo del franquismo, visitaba cada mes a los presos llevándoles paquetes de comida y el apoyo moral. A ella va también mi emocionado recuerdo. Parece que les estoy viendo en aquel lejano 11 de septiembre de 1967 en el caos de aquella manifestación, de bracete los dos, zarandeados por la policía. Todos los detenidos fueron trabajadores. La mesocracia, temerosa, no pasó del entresuelo; hoy, no pocos de ellos, se disfrazan de septiembre para no infundir las sospechas de su larga siesta bajo el franquismo.
Queridos amigos y queridas amigas, después de Ángel Rozas, ¿qué? Muy fácil, los materiales –ciertamente renovados– que hicieron posible la construcción del sistema-Comisiones Obreras: este es el mejor homenaje a nuestro compañero, que fue simultáneamente serio y guasón, paciente e inquieto. Y, como diría Thomas Mann: un hombre de gran formato.

Publicado en “Metiendo bulla”.

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Published in: on 05/06/2010 at 9:40 AM  Comments (2)  
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Ángel Rozas, el pequeño gran hombre

Angel Rozas

Ha muerto Ángel Rozas, el pequeño más grande que yo conocí en mi vida. Cuando él estaba exiliado y formaba parte de la DECO (Delegación Exterior de Comisiones Obreras) Gerardo Iglesias y yo mismo nos alojamos en su casa de París en alguna ocasión.

Pero no voy yo a contar quien era este pequeño gran hombre, Pepe Luis López Bulla lo conoció y lo trató mucho más, por eso remito a su blog:

http://lopezbulla.blogspot.com/2010/06/nuestro-angel-rozas.html

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Published in: on 01/06/2010 at 7:53 PM  Comentarios desactivados en Ángel Rozas, el pequeño gran hombre  
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Manuel Nevado, minero.

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Este año hace 20 que falleció Manuel Nevado Madrid. Fue el primer Secretario General de la Federación Estatal Minera de CC.OO. y la Fundación Juan Muñiz Zapico convoca todos los años un concurso de microrrelatos mineros que lleva su nombre.

La Federación de Industria de CC.OO. de Asturias me ha pedido un artículo sobre Nevado para su revista. Esto es lo que les envié:

Cada año, cuando la Fundación Juan Muñiz Zapico presenta el concurso de microrrelatos mineros “Manuel Nevado Madrid”, me hago la misma pregunta: ¿Qué pensaría Nevado si pudiera saber que hay un concurso literario que lleva su nombre? Seguramente se sorprendería, no creo que nunca llegara a pensar que una cosa así pudiera ocurrir, pero se sentiría satisfecho ya que nada que tuviera que ver con la mina le era ajeno. Nevado se sentía sobre todo minero y de esa condición se derivaba casi todo lo demás, la mina le había dado la conciencia y el orgullo de clase, lo había convertido en un rebelde, en un sindicalista…

En los años 50 había llegado desde la Provincia de Córdoba a Asturias y, como tantos emigrantes que recalaron en las cuencas mineras, se convirtió en un asturiano de adopción y en un minero combativo que participó en todas las luchas obreras de la época. Su gran carisma, inteligencia y compromiso sindical y político lo hicieron ser muy pronto un líder de la minería y de las Comisiones Obreras.

Nevado es hoy recordado como el organizador y primer Secretario General de la Federación Estatal Minera, pero yo lo guardo en mi recuerdo como la persona que contribuyó de forma fundamental a la consolidación de CC.OO. como un movimiento organizado en Asturias. En 1974 un pequeño grupo de personas nos propusimos reconstruir la Coordinadora Provincial y dar un impulso definitivo a la consolidación organizativa de lo que hoy es nuestro sindicato, una de esas personas era Nevado y sobre él recaería la responsabilidad de llevarlo a cabo en la minería. Para lograrlo había que superar ciertos hábitos que pervivían en las Cuencas fruto de la represión que la dictadura ejercía en la época más dura. Las huelgas mineras tenían, entre otras, dos características especiales: eran huelgas “silenciosas”, no se hablaba para parar, todo se hacía mediante un leguaje de signos (no bajar la percha de la ropa, no recoger la lámpara…) en el que el prestigio personal era clave, por otra parte se sabía cuando empezaban pero no cuando terminaban, la vuelta al tajo dependía de las circunstancias de cada momento y casi siempre se hacía mediante un goteo de trabajadores que duraba unos cuantos días, lo cual hacía que en muchos casos se produjeran sanciones que originaban un nuevo conflicto. Este método de lucha había sido muy efectivo en los años 60 pero no parecía muy compatible con el carácter organizado que pretendíamos dar a nuestro movimiento.

La prueba de fuego de esta nueva etapa fue la convocatoria que hicimos para una “jornada de lucha” en Asturias los días 3 y 4 de Febrero de 1975, con ella pretendíamos demostrar nuestra fuerza pero también la capacidad organizativa de las Comisiones Obreras, por tanto era fundamental que los paros se iniciaran y concluyeran en las fechas señaladas. Recuerdo la conversación que Gerardo Iglesias y yo mismo mantuvimos con Nevado: él no veía gran dificultad en que los mineros se sumaran a la huelga pero su duda era por qué había que volver a trabajar el día 5 (“¡Coño, una vez que está todo parao…!”). Al final la “jornada de lucha” fue todo un éxito, participaron unos 30.000 trabajadores, entre ellos la inmensa mayoría de los mineros, que el día 5 volvieron a los pozos.

Hoy, si Manuel Nevado Madrid viviera tendría 70 años… pero seguiría siendo minero.

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Published in: on 23/05/2010 at 8:13 PM  Comments (2)  
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Sindicalistas

 Gerardo y Javier 1

En la foto cuatro jóvenes sindicalistas asturianos de hace 35 años. De izquierda a derecha: Javier Suárez, Juan Muñiz Zapico, yo mismo (sin barba y con gafapasta) y Gerardo Iglesias.

Estos días he participado en un seminario para jóvenes delegados de la Federación de Industria. Tenía que hablarles de la historia de las Comisiones Obreras, pero decidí comenzar por explicarles algo de los orígenes del Movimiento Obrero y del sindicalismo.

Al principio de charla les dije que iba a intentar trasladarles el orgullo de ser sindicalista y que esto sólo podía lograrse siendo consciente de que formamos parte de un movimiento que viene de muy atrás y que ha contribuido, como pocos, a los avances de la sociedad. Total que tuve que hablarles del Ludismo, del Cartismo y de los primeros sindicatos, para acabar con la situación sindical actual.

Los jóvenes delegados, todos de pequeñas y medianas empresas, hablaron de sus dificultades con los patronos, con los compañeros de trabajo… pero incidieron en un tema que me parece sobresaliente: su esfuerzo no era reconocido ni entendido por sus familiares y amigos. Dentro de la empresa eran un incordio, y fuera de ella unos bichos raros que estaban metidos en algo que era del pasado.

Ser sindicalista no está de moda: El sindicalismo actúa sobre lo colectivo y tiene en la solidaridad su fuerza principal y eso, en la era del individualismo, significa navegar a contracorriente. Por eso me parecía tan importante que estos jóvenes vieran su trabajo sindical como parte de un largo proceso de luchas y sacrificios que comenzó hace 200 años.

 

Como le dije a uno de los participantes en el seminario cuando me despedía de él: “Nosotros no tenemos que pedir perdón a nadie. Trabajamos con la gente, en las empresas, que es donde están los nuestros… y eso resulta mucho más difícil que decir desde una Tribuna lo que deben de hacer los demás.”

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Published in: on 17/05/2010 at 7:32 PM  Comments (2)  
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Fraga y Grimau (20 de Abril de 1963)

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Hoy el diario Público recuerda un acontecimiento ocurrido el 20 de Abril de 1963:

Al amanecer, en el cuartel de Campamento, el comunista Julián Grimau es fusilado. El pelotón lo formaban soldados de reemplazo, nerviosos e inexpertos, y lo acabó rematando el teniente. Es el último capítulo de un crimen lleno de irregularidades desde su detención: torturado, arrojado por una ventana, juzgado por un tribunal militar con un fiscal sin titulación, con legislación de guerra para delitos ya prescritos… Nada de eso impidió su asesinato. Ni siquiera la presión internacional, a la que contestó el entonces ministro de Información con todo tipo de intoxicaciones. ¿Recuerda su nombre?”

Yo quiero sumarme al recordatorio de "Público".

Quizás también convenga no olvidar que este crimen fue cometido 24 años después de finalizada la Guerra Civil… y que no sería el último.

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Published in: on 20/04/2010 at 6:37 PM  Comentarios desactivados en Fraga y Grimau (20 de Abril de 1963)  
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Elena, las nubes y yo

Elena 2

Hoy mi hija cumple 29 años. Los padres suelen enseñar a sus hijos muchas cosas, jugar a la pelota, andar en bicicleta, nadar… yo enseñé a Elena a ver cosas en las nubes. Cuando era muy pequeña jugábamos a ver en ellas indios, barcos, elefantes, piratas, cualquier cosa que pudiéramos imaginar.

Elena, ¿sigues viendo cosas en las nubes? Yo todavía las veo.

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Published in: on 20/04/2010 at 8:36 AM  Comentarios desactivados en Elena, las nubes y yo  
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