Uno lleva unos días tratando de no cabrearse, según dice cuando se llega a determinada edad conviene no alterarse demasiado, así que me he dedicado a las tareas del hogar y a las actividades que me exigí mi condición de Presidente de la Fundación Juan Muñiz Zapico. Tampoco me compliqué la vida con la lectura: estaba leyendo una novela que es una tontería, digo que la estaba leyendo porque la voy a dejar si acabar, y releyendo a María Zambrano (¡Qué bien escribía esta mujer!). Pero, a no ser que me vuelva aún más tonto de lo que soy, no puedo evitar volver a las andadas.
Ahora resulta que el Consejo de la Unión Europea (¡Voy a tener que embarcarme en la Balsa de Piedra de Saramago!) ha aprobado, de tapadillo y bajo Presidencia Española, un programa de vigilancia y recolección sistemática de datos personales de ciudadanos sospechosos de experimentar un proceso de “radicalización”. Este programa”, según figura en los documentos oficiales, puede dirigirse contra individuos involucrados en grupos de “extrema izquierda o derecha, nacionalistas, religiosos o antiglobalización. O sea, que pueden considerar a cualquiera que defienda un cambio radical del sistema económico, político o social como un potencial terrorista.
Estas cosas siempre pasan bastante desapercibidas, mejor dicho, se hacen de forma que pasen desapercibidas, pero creo que merece la pena prestarles mucha atención. Más información aquí: http://www.cuartopoder.es/casidesnuda/la-ue-vigilara-a-los-ciudadanos-de-opiniones-radicales/210?#comment-150
