Al inicio de la actual crisis económica Díaz Ferrán dijo que había “que abrir un paréntesis al capitalismo". El propio Rodrigo Rato advirtió: “No es la Revolución de Octubre, pero no hay alternativa a la intervención pública”.
El sistema financiero estaba en la UVI y había que salvarlo con urgencia poniendo a su servicio dinero público, o eso o el caos… Durante algún tiempo los gurús de la economía se callaron. Las grandes corporaciones financieras y las entidades bancarias, mientras estiraban la mano, pusieron cara de buenos, incluso algunos de arrepentidos.
Los más optimistas vieron en esta situación una oportunidad para reestructurar el actual sistema capitalista, someter a los mercados al control de los poderes políticos, acabar con los paraísos fiscales y otras tantas cosas que se anunciaron con bombo y platillo. Pero ya había avisado el ex presidente de la Reserva Federal de EE UU, Alan Greenspan, que la «codicia» y «la capacidad insaciable» es propia del género humano.
Los que generaron esta situación parece que han salvado los muebles, parece que ya pueden volver a ganar dinero, la propia crisis, incluso la financiación del déficit adquirido para paliarla, puede ser una buena oportunidad de negocio ¡Regresan los buenos tiempos!
No hay crédito para la pequeña y mediana empresa, el tejido productivo ha quedado hecho unos zorros, el paro ha crecido brutalmente… Para solucionar estos problemas también sería necesaria la intervención de los poderes públicos pero esta vez no les interesa, esta vez pondría en peligro el beneficio que su insaciable codicia ya empieza a olfatear.
Los “tiburones” han vuelto a tomar el timón de la economía mundial.
